miércoles, 7 de agosto de 2013

Prefacio

El arte de la guerra no es solo el arte del engaño, mas bien consiste en el uso de la estrategia para la victoria, adelantarse al enemigo y mantener en secreto cada movimiento. Bueno... Hay mucho que decir, ya que la guerra no se limita a la contienda armamentista que termina por destruir naciones, de hecho la beligerancia política y social que se desata en diferentes partes del mundo, y de la cual somos testigos, víctimas o partícipes, es la maximización de una realidad simple y difusa al mismo tiempo.

El ser humano se encuentra en conflicto permanente, sin darse cuenta, y la guerra librada en el interior de cada persona, termina por exteriorizarse y masificarse hasta terminar en muerte, a nivel personal y espiritual. Sin saberlo, somos presa fácil de caer en la desgracia de consentir a nuestro propio ego, dando cabida a una invasión de sensaciones que por más que parezcan saciar nuestras ansias de poder, solo ahondan el vacío que nosotros mismos cavamos con nuestros actos.

Nadie es perfecto, y de hecho nadie logra alcanzar la perfección, ni en el mejor momento de éxito plausible en la reducida percepción humana. Sin embargo todo es parte de un proceso. Memorias de un Soldado de Dios que ha sido rescatado de una prisión infernal, testifica sobre la lucha entre el bien y el mal, a nivel personal y social, sin restricciones de contexto religioso, con el único fin de evitar que más soldados caigan prisioneros.


"Ël provee de sana sabiduría a los rectos; Es escudo a los que caminan rectamente" 


Proverbios 2:7

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